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El matrimonio de los piratas maricones

El matrimonio de los piratas maricones

Como hemos contado en alguno de nuestros posts sobre el origen de la homofobia, ésta ha ido y venido a la largo de la historia, habiendo épocas y lugares de mayor apertura sexual. Uno de estos momentos lo encontramos en el Mar Caribe durante el siglo XVI y XVII de la mano de los piratas maricones. En lugares tan cinematográficos como la isla Tortuga, Jamaica, Trinidad y Tobago o La Española (donde ahora se encuentra República Dominicana y Haití) la piratería era una práctica común y aceptada por los poderes coloniales de la época para hacer frente a las potencias extranjeras con las que disputaban el dominio del Oceáno.

En este contexto surgió la figura del Matelotage que permitía a los piratas maricones casarse entre sí. Nuestros amigos del PP Algunos dirán que no era matrimonio puesto que no se llamaba como tal pero en la práctica tenía los mismos derechos y obligaciones. Las dos personas que se unían en matelotage unían sus propiedades -incluyendo compartir la esposa si tenían alguna-, se cuidaban en caso de enfermedad, luchaban juntos y mantenían relaciones sexuales. En caso de muerte, el viudo heredaba todo el patrimonio del fallecido, incluyendo las posesiones y tierras que se tuvieran en las colonias o la metrópoli.

La aceptación de esta figura por parte de los poderes públicos implica que la sociedad no era tan homófoba en la época como se nos quiere hacer creer. Todos sabemos que en contextos como la cárcel o el mar “todo agujero es trinchera”, pero estas relaciones entre piratas maricones traspasaban la intimidad de alta mar y tenían validez en tierra firme. Sería más tarde, de la mano de la moral victoriana, cuando comenzarían a imperar de nuevo las leyes anti sodomía. Por supuesto, el papel de la mujer lesbiana seguía siendo totalmente invisible, aunque, como el hombre homosexual, disponía de una mayor libertad que en los siglos XVIII y principios del XIX.

Por supuesto, no estamos ante ejemplos de perfecta igualdad. Normalmente había una figura en la relación que correspondía con el marinero más joven y pobre, que estaba en cierta forma supeditado al más mayor y que solía tomar el papel pasivo -o eso dicen las crónicas-, al más puro estilo grecorromano. Aunque, visto lo visto, lo que pasara de verdad en la intimidad de los camarotes es otra historia que nunca podremos saber.

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El desviado de este post

De Cai, pisha. Exiliado en la capital del Reino. Periodista y antropólogo. Me intentaron exorcizar para que volviera al camino de la recta moral. Desde entonces soy más Desviado que nunca. En la lucha por un mundo mejor.

1 Comment

  1. Pedro 2 mayo, 2016 at 20:45

    El artículo sería mas coherente sino se empleara palabras homófobas y falta de respeto al referirse a los homosexuales.

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