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10 falsos mitos sobre Eurovisión

10 falsos mitos sobre Eurovisión

El Festival de Eurovisión, a pesar de cosechar audiencias millonarias cada año, no tiene demasiada buena prensa en España. El hecho de que no ganemos desde 1969 influye para caer en argumentos conspiranoicos que expliquen nuestro fracaso una edición tras otra. El espectáculo musical de mayor envergadura del planeta, con permiso de la Superbowl, desmonta cada año con hechos todos estos mitos que resumimos a continuación.

1. Siempre ganan los mismos

Este dato es muy fácil de desmontar. En las últimas 15 ediciones sólo un país, Suecia, ha ganado en dos ocasiones (2012 y 2015). En la lista de ganadores encontramos países nórdicos, del sur de Europa, bálticos, ex soviéticos, ex yugoslavos y centroeuropeos como Rusia, Alemania, Serbia, Grecia, Turquía, Austria, Noruega o Estonia. Algunos de ellos han obtenido muy malos resultados (incluso sin clasificarse para la final) en otras ediciones del mismo período, por lo que la propuesta enviada en el año de su victoria fue determinante para ganar.

Mans Zemerlow, ganador sueco de 2015

2. Se vota por proximidad

Esto es una verdad a medias. Si bien es cierto que tener vecinos te ayuda a no ser el último de la tabla, para ganar Eurovisión no es suficiente con no ser una península. El récord de victorias hasta ahora lo ostenta Irlanda, que ha ganado 7 veces (4 de ellas en los 90, cuando ya había un número importante de participantes), siendo un país que solo cuenta con el Reino Unido como posible aliado territorial. Además, el ganador de cada edición recibe votos de prácticamente todos los países participantes, teniendo la mayoría de ellos nada que ver ni por proximidad geográfica ni por cuestiones políticas.

Irlanda, ganadora de Eurovisión 1996

3. Para obtener un buen resultado hay que cantar en inglés

Otro mito que los datos desmienten. Que la inmensa mayoría de ganadores de los últimos 20 años hayan cantado en inglés es lógico teniendo en cuenta que la mayoría de participantes eligen ese idioma para actuar, pero eso no impide que se pueda ganar en una lengua distinta. En 2007 Marija Šerifović se proclamó ganadora del festival con Molitva, un tema cantado íntegramente en serbio. Justo el año pasado Italia envió al trío vocal Il Volo que, aunque quedó tercero con Grande amore, fue la opción más votada por los espectadores europeos desde sus casas (la suma de los jurados profesionales al televoto hizo que Suecia y Rusia le adelantaran).

Grande Amore habría ganado Eurovisión si solo contase el voto del público

4. Para ganar hay que llevar una puesta en escena sorprendente o espectacular

Para desmentir este mito también podemos recurrir a la victoria de Serbia en 2007, que no podía ser más simple (una mujer que no cumplía con los cánones de belleza heteronormativos acompañada con cuatro coristas) o a Lena, la ganadora alemana de 2010 que acudió con un sencillísimo vestido negro e interpretó su canción Satellite sin apenas moverse de la misma baldosa del escenario.

Lena ganó Eurovisión 2010 sin florituras

5. Solo funcionan determinados estilos musicales

No es cierto. Poco tiene que ver el Grande amore de Italia que mencionábamos en el punto 3 con Heroes, la canción que resultó ganadora el año pasado en Austria. Inolvidable es la victoria de Lordi, el grupo finlandés que en 2006 demostró que hasta el heavy metal puede ser mainstream en Eurovisión. En 2014 solo Conchita Wurst fue capaz de superar en votos a la propuesta folk con la que The Common Linnets representaron a Holanda, aunque en este caso la preciosa puesta en escena sí que influyó en su éxito (su popularidad en las casas de apuestas subió a partir de su actuación en la semifinal).

 Holanda, segunda en 2014

6. Lo cañí y lo latino no funcionan en Europa

Y a todos nos viene a la cabeza Remedios Amaya cuando decimos esto, pero ya hubieran querido nuestras representantes de los últimos años el 5º puesto que se llevaron las Azúcar Moreno por interpretar Bandido en 1990, y eso que un fallo técnico les hizo la puñeta. Lo latino también nos ha funcionado estupendamente en algunas ocasiones, como el 10º puesto de Ramón en 2004 con Para llenarme de ti, posición que no hemos sido capaces de superar desde entonces (Pastora Soler y Ruth Lorenzo la igualaron, aunque en sus finales había dos participantes más que en la del canario), y el 6º lugar que ocupó David Civera con Dile que la quiero en 2001, que supone nuestra mejor participación en los últimos 18 años.

Toñi y Encarna se pusieron sus mejores oros en Zagreb

7. Una mala posición en Eurovisión te puede hundir la carrera

Y otra vez nos acordamos de Remedios Amaya, leyenda viva del flamenco a la que sus 0 points en el festival no afectaron negativamente. Acercándonos más al presente podemos ver cómo el penúltimo puesto de Soraya Arnelas en 2009 no ha impedido que la extremeña haya continuado teniendo presencia constante en televisión, publicando discos o incluso siendo la primera cantante en ofrecer un concierto para fetos. Edurne tampoco ha parado de trabajar en el último año y está a punto de estrenar Got Talent en Telecinco junto a Jorge Javier Vázquez, Eva Hache, Jesús Vázquez y Santi Millán.

La barca llevó a Remedios a la deriva eurovisiva

8. Se ha convertido en un festival freak

Las actuaciones de freaks en Eurovisión se pueden contar con los dedos. Si bien es cierto que al principio de los 2000 casi cada año teníamos a algún personaje que trató de dinamitar el festival desde dentro, la fuerza de un certamen con tantas décadas de historia ha podido con cualquier intento de desprestigio. La participación de Rodolfo Chikilicuatre aumentó esta impresión en los españoles, aunque precisamente fuimos nosotros quienes le enviamos en detrimento de propuestas mucho más sólidas como La revolución sexual. Como dato curioso, la mujer del momento, Silvia Abril, también estuvo sobre el escenario de Belgrado como bailarina del personaje de David Fernández.

Por supuesto, la interpretación del concepto es muy subjetiva. Los Lordi, el grupo heavy metal al que hacíamos referencia más arriba, también fueron considerados como tal solo porque iban disfrazados y maquillados, siendo algo muy habitual en su género. También se pudo leer que Conchita Würst era una freak, pero el desconocimiento y la LGTBfobia ahí tuvieron mucho que ver. Rise like a phoenix era un temazo y la actuación de Conchita, soberbia.

Conchita Wurst, ganadora de Eurovisión 2014

9. Los canciones de Eurovisión no tienen recorrido comercial

A lo mejor no las escuchas en Los 40 Principales, pero la radiofórmula española hace tiempo que dejó de ser representativa de los gustos mayoritarios de la población. Vetusta Morla o Foals llenan el Palacio de los Deportes en Madrid y Dasoul no, pero éste es el único de los 3 que suena en la emisora de Prisa. Volviendo a los participantes de Eurovisión, Loreen fue nº 1 en muchos países europeos con su Euphoria en 2012 y The Common Linnets, los holandeses de 2014, tuvieron un gran éxito de ventas digitales tras participar en el festival. En España, Amanecer de Edurne fue top 3 en singles en 2015 y este año Barei, la candidata a representarnos en 2016, ha colocado su Say yay! en el número 1 de iTunes.

10. Las preselecciones nos funcionan mejor

Tampoco es cierto. Hay muchos años en los que hemos elegido a nuestros representantes a través de galas de preselección y nuestro resultado en el festival ha sido pésimo. En este siglo es el caso de Son de Sol (puesto 21º), D’Nash (puesto 20º), Soraya Arnelas (puesto 24º) o Lucía Pérez (puesto 23º). La elección de nuestro candidato a puerta cerrada tampoco nos asegura nada bueno: El sueño de Morfeo obtuvo el penúltimo puesto en 2013 y Las Ketchup quedaron vigésimo primeras en 2006. Curiosamente, nuestras dos mejores representantes en la última década, Pastora Soler y Ruth Lorenzo (10º puesto ambas) fueron elegidas por métodos distintos (por RTVE la primera y en una gala de preselección la segunda), lo que indica que no es la forma de elegir sino qué elegimos lo que nos asegura un buen resultado.

 

 

 

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El desviado de este post

Nací del cruce de un pequeño pony con un oso amoroso. Aunque mis padres quisieron hacer de mí un macho hetero vistiéndome con la equipación del Real Madrid para celebrar mi primera comunión, debajo llevaba unos calzoncillos con unicornios y soñaba con que me regalasen la mansión de Barbie. Al final, el regalo estrella fue una colección de micro machines, de los cuales mi favorito era el rosa. Ya de adolescente, mi primera excitación sexual fue con el Playboy que escondía mi hermano bajo el colchón, pero no con la jamelga de portada, sino con el modelo de ropa interior en la publicidad de la página 27. Ahí tuve una epifanía: era un desviado y siempre lo sería.

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