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Pedroche, Pelayo, dos desnudos y un patriarcado

Pedroche, Pelayo, dos desnudos y un patriarcado

“Se le ve el culo”, “no es apropiado para unas Campanadas”, “lo eligió ella, así que no es machista”. Se han escuchado todo tipo de comentarios sobre el famoso vestido de transparencias que, un año más, ha elegido Cristina Pedroche para cantarnos las uvas en Antena 3. Casi todas negativas y dirigidas a ella.

Ya sabemos (o al menos no se han cansado de repetirlo) que el vestido lo eligió ella misma. Probablemente muchas de vuestras madres también decidan ser las que lavan y planchan la ropa de toda la familia en casa y no por ello decimos que haya sido una elección totalmente voluntaria. Entendemos que esa decisión, aparentemente libre, viene condicionada por una serie de elementos culturales propios de una sociedad patriarcal que ha dado lugar a que las tareas domésticas sean asumidas de forma desigual, con una mayor carga para las mujeres, sin que a la mayoría de ellas les hayan puesto una pistola en la cabeza para convencerlas. Lo que viene siendo saber contextualizar, vamos.

Con el vestido de la Pedroche no lo hacemos. Ella lo ha escogido, ella recibe todas las críticas. Que la cadena que lo ha emitido haya promocionado a la presentadora de las Campanadas de La Sexta a las de Antena 3 después de su polémico vestido transparente del año pasado (con récord de share) parece no ser demasiado relevante. Que haya logrado el mejor dato de audiencia en más de una década gracias al revuelo mediático, tampoco. Que su compañero tenga 28 años más que ella y un índice de masa corporal muy superior también debe ser responsabilidad de la presentadora. Por supuesto, Carlos Sobera también fue libre de elegir un traje de chaqueta y, quién sabe, hasta camiseta interior o térmica para combatir el frío del diciembre madrileño. Muy libres todos, pero la libertad de ella no veas las tiritonas que le debió costar.

Cristina Pedroche 2014

En Telecinco, por su parte, Pelayo Díaz y sus compañeras de Cámbiame salieron en ropa interior. ¡Igualdad para todos! Aquí tampoco nos viene bien contextualizar, porque qué pereza pararse a pensar en las consecuencias que un desnudo masculino y femenino tienen en la carrera de un presentador de televisión o cuántas veces se les ha cosificado a ellas y a él. En cualquier caso, si ellas hubieran ido vestidas con traje y él semidesnudo, ¿a cuánta gente le habría parecido discriminatorio?

En TVE son más clásicos y representan los cánones del patriarcado de una forma mucho más elegante. Porque, viendo las alabanzas que se ha llevado Anne Igartiburu por su vestido, entendemos que éste sí que es apropiado para un evento como las Campanadas, ¿no? El problema no es que ellas se mueran de frío mientras sus compañeros van mucho más abrigados, el problema es que a nuestras familias les resulten ordinarias. Tomamos nota.

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El desviado de este post

Nací del cruce de un pequeño pony con un oso amoroso. Aunque mis padres quisieron hacer de mí un macho hetero vistiéndome con la equipación del Real Madrid para celebrar mi primera comunión, debajo llevaba unos calzoncillos con unicornios y soñaba con que me regalasen la mansión de Barbie. Al final, el regalo estrella fue una colección de micro machines, de los cuales mi favorito era el rosa. Ya de adolescente, mi primera excitación sexual fue con el Playboy que escondía mi hermano bajo el colchón, pero no con la jamelga de portada, sino con el modelo de ropa interior en la publicidad de la página 27. Ahí tuve una epifanía: era un desviado y siempre lo sería.

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