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Tu homofobia también mata

Tu homofobia también mata

Hoy te has levantado sabiendo que 50 personas fueron asesinadas ayer en Orlando. Te indignas porque el terrorista era musulmán (nacido en Estados Unidos) y porque el ISIS ha reivindicado el ataque. Ya no se vive seguro en Occidente, te repites mientras lees los mensajes que una de las víctimas mandaba a su madre antes de morir. Que el escenario de la masacre sea un club gay te parece secundario. La sala Bataclan no era de ambiente LGTB, te dices a ti mismo, pese a que el padre de la víctima reconoce la homofobia de su hijo.

Tú, que en el colegio y en el instituto llamabas maricón a tu compañero de clase pero ahora no te consideras homófobo porque tienes amigos gays; que te parece bien que se celebre el Orgullo pero no que algunos se vistan “así” para celebrarlo; que estás de acuerdo en que dos personas del mismo sexo mantengan una relación sentimental pero no que tengan pluma; que eres devoto de una religión “nada extremista”  cuyos líderes aún hablan de imperios gays y hombres nocturnos; que a eso no lo llamarías matrimonio o sí lo llamarías pero no crees que ellos y ellas puedan tener hijos; que votas a un líder “moderado” que preferiría llamarlo unión civil para no ofender a parte de su electorado o a una líder menos moderada que directamente se rebela contra ello porque dos peras y dos manzanas son componentes distintos te crees ajeno a lo sucedido anoche.

Qué curioso que tú, que ves claramente un vínculo directo entre que alguien vote a Podemos en un pueblo de Guadalajara con el desabastecimiento de un supermercado de Caracas, no entiendas que pueda existir relación entre un discurso que fomenta el odio y la desigualdad con la actuación de un terrorista que mata a 50 personas que bailaban en un lugar que creían seguro. Tú, que por el hecho de que ya podamos casarnos te piensas que hemos alcanzado la plena igualdad, que ignoras que casi cada fin de semana pegan una paliza a alguien por la calle por no tener tu orientación sexual, que resoplas cuando hablamos de heteropatriarcado como si fuéramos unos putos quejicas, que no te paras a pensar cómo es dudar en revelar tu orientación a un desconocido por miedo a represalias, el pánico que se puede sentir cuando un grupo de neonazis autorizados por el Partido Popular se manifiesta en un barrio supuestamente seguro para ti, crees que el terrorista de Orlando no tiene que ver contigo.

Que alguien no sea capaz de coger un arma y matar a 50 personas no significa que no elabore un discurso de odio.

Y el odio nos mata.

Ahora mírate al espejo y siéntete tranquilo.

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El desviado de este post

Nací del cruce de un pequeño pony con un oso amoroso. Aunque mis padres quisieron hacer de mí un macho hetero vistiéndome con la equipación del Real Madrid para celebrar mi primera comunión, debajo llevaba unos calzoncillos con unicornios y soñaba con que me regalasen la mansión de Barbie. Al final, el regalo estrella fue una colección de micro machines, de los cuales mi favorito era el rosa. Ya de adolescente, mi primera excitación sexual fue con el Playboy que escondía mi hermano bajo el colchón, pero no con la jamelga de portada, sino con el modelo de ropa interior en la publicidad de la página 27. Ahí tuve una epifanía: era un desviado y siempre lo sería.

2 Comments

  1. Carlos 13 junio, 2016 at 19:37

    Como siempre un artículo brillante. Claro, conciso y real como la vida misma. De esos que hacen que se te remueva todo por dentro. Gracias!

    • Afónico 20 junio, 2016 at 18:32

      Gracias a ti, Carlos :)

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